La fuerza de la Amabilidad (por Ishwara)

Aldo Dalmazzo. Flickr.com/aldodalmazzo
Aldo Dalmazzo. Flickr.com/aldodalmazzo

“He aprendido que la gente olvidará lo que has dicho,

la gente olvidará lo que has hecho,

pero la gente nunca olvidará cómo los hiciste sentir”.

Maya Angelou (1928-2014)

Poetisa, novelista y activista por los derechos civiles estadounidense

 

Hoy las palabras abundan hasta hacerse ruido, el afán por comunicar desvanece la conexión real y la capacidad de asombro se adormece por los estímulos excesivos. Hablamos, escribimos y recibimos información como nunca antes en la historia; nuestro mundo es más amplio que el de nuestros antepasados, y hemos desarrollado avanzadas destrezas y dispositivos para comunicar con rapidez y eficiencia. Sin embargo, son cada vez más escasos los tiempos de escucha atenta, la comunión real y la presencia completa del ser en un diálogo.

Aun en este panorama, en ocasiones surgen instantes cuando establecemos encuentros genuinos, que nos revelan una dimensión más amplia de nosotros, conmueven nuestro corazón y nos recuerdan que venimos a este mundo de la mano con otros. Estas conexiones se caracterizan por su sinceridad, igualdad y comprensión. En otras palabras, nos hacen transparentes, aquietan los prejuicios e invocan la compasión. Su experiencia es capaz de llenar de plenitud, sentido y sosiego la existencia.

Pero más allá del ámbito individual, estos encuentros tienen el poder de sanar y transformar a otros. Y si se es capaz de percibir la profundidad subyacente en una conexión sincera (ese valor intangible), se estará en presencia de una Unidad y Armonía más allá de la aparente separación entre los demás y nosotros.

En los caminos espirituales y sistemas morales, los actos bondadosos, el cuidado de las palabras, la caridad y el cultivo de la empatía (en términos generales la amabilidad) ocupan un lugar esencial. En un primer término, estas vías buscan establecer un código de conducta individual y colectivo, que nos guíe al autocontrol y garantice el orden social. En un segundo término, el acento en la amabilidad de los diversos caminos de autorealización invita a re-ligare (en latín); es decir, volver a unir al ser humano con su naturaleza esencial y con Otros (sus congéneres, demás seres vivos y entorno donde habita).

Este último objetivo de unidad revela dos valiosas ayudas de la práctica de amabilidad. La primera es que el compromiso consciente de actuar con amabilidad tiene el poder de dirigir nuestra voluntad hacia el despojo del egoísmo, la arrogancia y la indiferencia. Nos guía hacia nuevas formas de ser y expresar en el mundo, en lógicas distintas al individualismo. En un encuentro sincero es fundamental la completa presencia, y con la fuerza dinámica de la amabilidad podemos aunar nuestro ser físico, emocional y mental para estar unidos en el instante y abiertos para recibir al Otro. Esa integración nos convierte en un canal para la manifestación de valores como la entrega y la compasión. En conclusión, la voluntad de expresar la amabilidad nos liga de nuevo con nuestra esencia bondadosa y generosa.

La segunda ayuda trasciende la esfera individual y lleva la amabilidad a un terreno donde conecta y conmueve otros corazones. En el budismo la mirada bondadosa se considera como una valiosa ofrenda, y en esta línea argumental podemos afirmar que el acto amable (una mirada, palabra, gesto, símbolo) es un homenaje a la existencia de los Otros. La acción ofrecida de esta forma siembra en los demás semillas de consuelo, sanación y transformación. Permanece en la memoria, armoniza lo que parecía disonante y brinda esperanza sobre el futuro del mundo.

Los encuentros verdaderos y el poder de la amabilidad tienen su valor esencial en el hecho de que nos devuelven nuestra identidad como seres amorosos, capaces de empatía, comprensión y sacrificio. La aparente simplicidad de los actos amables contrasta con el gran esfuerzo de nuestra naturaleza para manifestarse siempre compasiva y bondadosa. Y la sutileza del impacto de la amabilidad en el mundo difiere con su capacidad de propagarse en los corazones frente al sufrimiento de otros.

Hoy podemos iniciar un pacto para incorporar la amabilidad como práctica y hacer más luminosa nuestra naturaleza. Hoy podemos expresarla en más encuentros. Venimos al mundo con Otros, y en gran medida depende de cada uno hacer de esta realidad un lugar para la realización y el cuidado mutuo.

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