Hojas de Inspiración

La virtud esencial (por Ishwara)

Bill Hulse. billhulse14@gmail.com

Bill Hulse. billhulse14@gmail.com

“¿Eres capaz de aunar el soplo del espíritu

con el aliento del cuerpo?

¿Armonizar la energía vital con la ductilidad de un recién nacido?

¿Limpiar de toda impureza la visión interior, hasta darle transparencia?

¿Amar al pueblo y gobernar sin poner en marcha ningún plan?

¿Abrir y cerrar las puertas del Cielo, y mostrarse impasiblemente femenino?

¿Penetrar cuanto existe sin conocimiento, armado de claridad y pureza interior?

Engendrar y alimentar,

producir sin apropiarse,

obrar sin pedir nada a cambio,

multiplicar sin gobernar.

Esa es la virtud primigenia”.

Lao-Tse. Filósofo chino a quien se atribuye la escritura del Tao Te Ching, texto esencial del Taoísmo. Fragmento del Tao Te Ching. Nro. X.

 

Las preguntas de este pasaje son llamados a nuestro Ser profundo y las respuestas solo pueden revelarse cuando ellas se manifiesten en nuestras acciones. Suenan como cuestionamientos, pero en realidad son desafíos a iniciar un sendero de autoconocimiento, conquista de la naturaleza personal y expresión de nuestra luminosidad interior en el mundo.

El primer interrogante muestra la dualidad entre nuestro ser físico y la vida del Espíritu y, a al mismo tiempo, nos brinda la vía para resolverla: unir el cuerpo con aliento del ser espiritual. Esta unificación nos guía a la segunda invitación: imprimir orden al ser vital, con frecuencia disperso y discordante. En este caso, el texto nos da una valiosa llave, el retorno a una consciencia infantil, armónica, inocente y flexible.

Con la unión y el orden del cuerpo y el ser vital, el siguiente desafío será la pureza del ser emocional y la claridad de la mente. Para alcanzar este objetivo, el Maestro en este texto enfatiza la conquista de la libertad en nuestro corazón y la práctica de un amor sin dualidades, acompañados de una mente sin egoísmo, curiosa e intuitiva.

Cuando el esfuerzo consciente y constante en nuestro Ser ha conseguido acompasar cuerpo, aliento vital, corazón y mente con la Brisa espiritual (Aquello perenne en lo cambiante), es tiempo del abrazo con el mundo.

La primera ofrenda de nuestro Ser transformado a los Otros está en la pregunta: “¿Amar al pueblo y gobernar sin poner en marcha ningún plan? Esta es la convocatoria a expresar el amor incondicional, libre de propósito, orientado por la compasión y la bondad. Si hemos recibido un sorbo de la inagotable fuente del Espíritu, sentiremos que en los actos de Dar y Amar completamente hay autorrealización y expresión, nunca pérdida ni sacrificio.

Con la expresión: “abrir y cerrar las puertas del Cielo”, el Tao expresa la naturaleza de la acción del ser espiritual: incluso la más encumbrada labor deberá ser asumida con humildad por quien ha conquistado el Ser. La cualidad “impasiblemente femenino” nos habla de la entrega a un poder superior, nos revela la ofrenda de cada acción a Quien sostiene el espíritu y nos hace conscientes de que nuestro Ser es solo un instrumento, una rama que acerca sus frutos al mundo con su humildad.

Por último, este heraldo a la consciencia viene con la frase: “¿Penetrar cuanto existe sin conocimiento, armado de claridad y pureza interior?”. La visión de este aparte busca que concibamos la Realidad sin las distorsiones del ser racional. Es decir, nos invita a Conocer el mundo, penetrándolo de forma profunda e integral: con todos nuestros instrumentos; con la libertad y deleite de nuestro espíritu, y la guía de la luz espiritual. De esta manera, la mente será un medio, no seremos esclavos del intelecto y nuestro corazón puro podrá crear en cada acción una obra de arte bella y recta.

Todas estas preguntas requieren nuestra atención, reflexión, silencio y acción. Nos hablan del deber de crear vida y nutrir al mundo con nuestra existencia. Nos incitan a participar en el mundo como trabajadores cósmicos, pero sin apego a nuestras acción. Nos guían a buscar la gratuidad en nuestros corazones hasta dar a borbotones sin esperar. Y nos inspiran a convertirnos en símbolos de la Fuerza Sagrada, sin poseerla, pues nuestro Ser es solo un arroyo del océano de Dicha y Consciencia. Esa es la virtud esencial.

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