La conquista interior (por Lakshmi)

Bill Hulse. billhulse14@gmail.com
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Existen momentos en nuestra vida cuando tenemos la oportunidad de ser pioneros, ir más allá de lo que conocemos de nosotros mismos y del mundo, para descubrir realidades más hondas. Cuando tomamos la decisión de avanzar por esa puerta, podemos atisbar la belleza y profundidad de nuestro ser, entrar en contacto con una realidad que trasciende nuestra individualidad y ser conscientes de un hilo sagrado que teje todo lo existente. Este instante fundamental revela un camino de sabiduría que supera la experiencia normal de vida y presenta una visión de nosotros mayor a cualquiera de nuestras expectativas. ¿Por qué quisiéramos avanzar en esta vía? Porque nos permite iniciar una evolución de nuestra naturaleza y establecer un contacto constante con una realidad sagrada.

Sin embargo, la promesa de nuestra naturaleza perfeccionada y la luminosidad del futuro presentan un desafío para nuestra actual realidad. Este camino nos insta a conquistar nuestro ser interior y recobrar lo prístino en nuestra naturaleza. En el inicio de este viaje debemos invocar el coraje para aventurarnos en los recónditos territorios de la conciencia. Y para avanzar hacia el florecimiento de nuestra naturaleza elevada, necesitaremos de tres cualidades esenciales: Verdad, Voluntad y Concentración.

En la experiencia que llamamos “vida” creamos estrategias (consciente e inconscientemente) para adaptarnos a nuestras circunstancias, y poco a poco formamos un entramado que nombramos nuestra “personalidad”. Esta personalidad individual manifestada en cuerpo, mente y vida nos separa del mundo, nos da una identidad y la idea de “yo soy”. No obstante, este “yo” (ego, en el pensamiento oriental) no es la completa realidad de quienes somos. La naturaleza del ego es una parte normal de nuestra experiencia humana; de hecho, desarrollamos unas capas exteriores con el fin de existir y operar en el mundo. Pero con la realización de una realidad más profunda y el inicio de un camino de autodescubrimiento, podemos discernir que el ego no representa la totalidad de nuestro Ser y que la constitución de nuestra individualidad no es el último estado de evolución de nuestra consciencia. Es en este momento, cuando la primera cualidad de Verdad se hace esencial.

La primera etapa de la conquista interior requiere un análisis psicológico que nos provea un conocimiento sobre nuestra naturaleza. La Verdad nos guiará para reconocer los aspectos luminosos y difíciles de nuestro ser individual, y nos enseñará a identificar nuestro Ser interior verdadero. Así mismo, nos ayudará a entender cuándo, cómo y por qué asumimos características y comportamientos problemáticos. La Verdad también nos enseñará a superar las quimeras que hemos creado sobre nosotros y transmutar nuestras limitaciones. Esta investigación psicológica profunda es una oportunidad para descubrir los orígenes de nuestro inconsciente y nos revela las razones de por qué en ocasiones actuamos de formas inexplicables. El propósito último de la Verdad es proveernos un mapa de nuestra consciencia que nos muestre cuáles aspectos debemos transformar, reconciliar o asimilar, para alcanzar una completa unidad con nuestro ser real.

A la cualidad de la Verdad se suma la Voluntad. La Voluntad es una fuerza que nos permite navegar en la dirección que la Verdad nos muestra. En una primera instancia, se manifiesta en el coraje de nuestro guerrero interior, para encarar con valentía nuestro ego y con sinceridad hacer los cambios necesarios. En una segunda instancia, la Voluntad se expresa en la tenacidad para mantenernos en la dirección correcta, a medida que nos encontramos con las varias máscaras. El objetivo de la Voluntad es darnos fuerza y paciencia frente a las dificultades, además de una flexibilidad para manifestar nuestro Nuevo Ser.

La tercera cualidad que nos guiará en esta conquista es la Concentración. Con ella podemos ser conscientes de un conocimiento intuitivo y un estado interior, que mediante el recogimiento de los sentidos (pratyahara, en sánscrito) nos muestre un observador en nosotros (saksi purusha, en sánscrito). Podemos percatarnos de esta consciencia testigo primero en la quietud de la meditación, donde descubrimos nuestra capacidad para estar detrás de nuestros pensamientos y unirnos con el ser profundo. Luego, durante las actividades en la vida, es posible observar desde este testigo los movimientos de nuestros pensamientos, palabras y acciones. Desde esta posición interior podemos escoger lo positivo sobre lo negativo, lo creativo sobre lo destructivo, y así las imperfecciones, el falso poder y la dominación del ego perderán influencia. Esta segunda forma de Concentración en la vida diaria es una vía dinámica para contemplar y transformar nuestro ser. Esta es una de las formas más efectivas en la conquista de la naturaleza, pues es en la actividad cuando el ego prevalece y es más fácil de identificar.

Este viaje de Verdad, Voluntad y Concentración es único para cada uno de nosotros. El periodo de conquista nos revela nuestros propios laberintos y las llaves para abrir los portales de la sabiduría. Esta es la gran misión de nuestras vidas y requiere de todas las fuerzas de nuestro ser. A pesar de lo arduo del desafío, el encuentro con la Verdad debe ser gentil y debemos evitar denigrar nuestro ser o desanimarnos al descubrir las distintas capas de nuestro ego. Sin importar las pruebas, debemos mantener la visión del gran juego, encontrar deleite en el trabajo interior, tenernos empatía, ser capaces de reírnos de nosotros, dejar ir y saber que eventualmente pasaremos esta etapa del proceso. Además, aun en los momentos más difíciles, es esencial recordar que no estamos solos, que una Fuerza Divina está acompañándonos en esta expedición, y que la Voluntad de conquista proviene de un viento divino que sopla en nosotros. Esa fuerza puede soportarnos y de ella podemos recibir una Gracia capaz de guiarnos más allá de los obstáculos. Esta conquista es nuestra oportunidad de asistir a la magia de nuestra metamorfosis, el momento cuando salimos de nuestra crisálida para realizar nuestra naturaleza plena y sagrada.

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