Hojas de Inspiración

Una ofrenda desde el corazón del mundo (por Lakshmi Devi)

Bill Hulse. billhulse14@gmail.com

 

Texto publicado originalmente en inglés en la revista Pathways de Washington DC, EE.UU. Verano de 2014. Publicado por primera vez en español. Traducción Leaves of Inspiration.

 

Vivo en un lugar donde es posible ver montañas nevadas mientras se flota en el mar. Vivo en un lugar con la mayor biodiversidad de pájaros del mundo. Vivo en un lugar donde son posibles todos los climas en tan solo 28 millas. Vivo en un lugar donde cuatro grupos indígenas protegen secretamente lo que ellos denominan el “Corazón del Mundo”. Vivo en la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia, Suramérica.

Los guardianes espirituales y sociales de esta Sierra son conocidos como mamos. Estos líderes de las comunidades indígenas son hijos del destino: son concebidos en un acto de profundo amor, cuando los madres y padres espirituales de planos trascendentales lo deciden y las montañas y la luna dan su permiso. Son esperados por las comunidades como una bendición, y una vez llegan al mundo, a la edad de seis meses, los padres se desprenden de ese niño para que inicie su preparación con los mamos mayores. Ellos cuidan la criatura hasta la edad de ocho o diez años, tiempo durante el cual observan señales que les indiquen si puede convertirse en mamo. Si el pequeño pasa las pruebas, inicia una formación que puede durar hasta veinte años e incluye el aprendizaje de una lengua exclusiva; las dimensiones social, individual, civil y religiosa de la comunidad; la protección de las fuerzas sobrenaturales; los misterios del tiempo y la tierra, y el gobierno espiritual.

Una de las funciones fundamentales de los mamos es la realización de los pagamentos (ofrendas para restablecer el equilibrio). Dentro de la cosmovisión indígena de esta región, cualquier beneficio obtenido de la naturaleza genera un desequilibrio, que debe ser reparado. En el pensamiento y la acción de los indígenas prima la búsqueda del equilibrio y la armonía entre los humanos y entre estos y la naturaleza. Una nueva construcción, una cosecha, una reunión de autoridades, un cambio de luna o un nuevo ciclo debe estar precedido por un pagamento. Los interesados en iniciar el nuevo proyecto deben entregar semillas, objetos personales, piedras y otros objetos ritualizados al mamo, quien a su vez los lleva a sitios sagrados para realizar la ofrenda de reparación y sanación de la tierra: el pagamento. En esta ceremonia se paga un tributo y se realiza un intercambio espiritual entre el corazón sagrado de los hombres y el corazón del mundo. Allí se establece la profunda relación entre las esferas espirituales y materiales, que da continuidad a la armonía natural y actualiza la protección de las fuerzas espirituales a quienes han cuidado la ley de la naturaleza.

En mis caminatas por este mágico territorio, en ocasiones me cruzo con mamos, que gobiernan sus comunidades en la parte alta de la montaña. Veo en sus movimientos la resistencia de sus pueblos a las colonizaciones y la dignidad de sus raíces. Así mismo, admiro la humildad de sus pies descalzos, la pureza representada en sus trajes blancos, la autenticidad, dulzura y la unidad de su consciencia. Me asombra encontrar en sus rostros los mismos rasgos que hallé en los sabios tibetanos de Dharamsala (India), donde inicié mi camino hace veinte años; en los devotos indios que adoraban el Ganges, o en los nativos americanos de los Estados Unidos, a quienes admiré durante el tiempo que viví en esta nación. Es como si los sabios de cada lugar del mundo y cada época, independiente de doctrina o credo, transmutaran poco a poco su naturaleza hasta parecerse más al rostro del creador del mundo.

Cada lugar en el planeta tiene en sus orígenes caminos auténticos para comunicarse con lo esencial y elevar a los hombres a otras dimensiones. En la Sierra Nevada, el mamo acerca la realidad cotidiana a lo sagrado a través del pagamento. Cada hecho importante de la comunidad y de la vida del hogar está antecedido de una ofrenda, que conecta la realidad del día a día con el mundo trascendental.

En el mundo contemporáneo tenemos una paradoja: hemos perdido el contacto con las formas y el sentido de lo sagrado perteneciente a las comunidades ancestrales. No obstante hoy como nunca antes es posible acercarse a variadas formas de espiritualidad y conexión trascendental, que permiten enriquecer los camino personales. Es cierto que existe una distancia a veces insalvable entre el espíritu de las comunidades indígenas y la mente del hombre moderno, pero también resulta verdadero que es posible incluir algunos de estos patrimonios espirituales en nuestra práctica personal. Desde esta perspectiva es que la práctica del pagamento resulta un profundo y dulce regalo. Para quienes estamos en un camino de crecimiento interior, el pagamento representa, en primer lugar, una oportunidad para establecer una conexión amorosa con el camino mediante la ofrenda, y en segundo lugar, una invitación a incluir la armonía como pilar de la relación con otros y el territorio.

La primacía de la razón en nuestro mundo ha situado en un lugar menor el corazón, el símbolo, la ofrenda y el ritual. Desde el intelecto se ha juzgado el rito como superstición o primitivismo. Es real que algunas formas rituales se han reducido a sentimentalismos y formalismos sin profundidad espiritual, pero también es cierto que el desarrollo emotivo en el camino de autoconocimiento es una vía fundamental para comprender el deleite, la armonía y la belleza que sostienen la realidad que conocemos.

En el camino espiritual el ser humano debe hacer uso de tres facultades. La primera se denomina voluntad, donde el ser humano emplea su fuerza para perfeccionar su naturaleza y tornarla un instrumento de la trascendencia. La segunda se conoce como conocimiento, donde el discernimiento permite comprender el presente, la visión, el mundo y la trascendencia de una forma luminosa. No obstante, estas dos grandes facultades resultan incompletas sin el cultivo del amor, que permite realizar el deleite de la existencia, la armonía y la unión con todo lo que existe.

Cuando el mamo ofrece el pagamento lleva a cabo un acto de amor. El mamo inicia la ceremonia, sigue un procedimiento, con reglas y pasos, que ha aprendido de sus maestros. Esta primera parte de la ofrenda es el acto. Al mismo tiempo, el mamo expresa su visión, la intención del acto, el sentido. Es ahí donde el acto se hace símbolo. Finalmente, en un acto íntimo, el mamo une acto y símbolo con la devoción de su corazón. En ese instante ocurre la alianza, el intercambio, la magia, la poesía, el contacto del sabio con el corazón de la creación. Como ha ocurrido desde hace miles de años con el acto de ofrenda, en la comunión entre el devoto con lo adorado se produce una experiencia espiritual. Quien eleva una plegaria sincera con la ofrenda, recibe una respuesta de lo sagrado, como si un mensajero viajara de regreso por la estela del humo del sacrificio. Así lo dice uno de los libros más profundos de la humanidad, el Bhagavad Gita: “De quien me brinda con afecto de adoración una hoja, una flor, un fruto o un vaso de agua, tomo y disfruto esa ofrenda de su devoción”. Lo infinito se detiene ante ese instante finito para responder un llamado, y la respuesta es su amor.

La ofrenda genera una chispa de unidad en el corazón del hombre. Esta unión interior revela a su vez su relación de unión íntima con el mundo. Las comunidades indígenas de la Sierra, como la mayoría de los pueblos del mundo, tienen una relación holística con la tierra. Las montañas sagradas, los ríos y lagunas, los lugares donde reposan los ancestros, la luna, los ciclos… hacen parte de una danza cósmica donde está incluido el ser humano. El pagamento es un reconocimiento del mamo del mundo sagrado y su armonía. Para nuestro camino espiritual personal este es el segundo patrimonio del pagamento. Cuando se realiza una ofrenda de corazón es posible experimentar una unidad de visión que revela una unidad con todo lo existente y su armonía secreta. El ser, el mundo y lo sagrado crean una identidad en el corazón del hombre sabio que lo lleva a descubrir el equilibrio esencial.

 

Despertar el corazón, recuperar el sentido sagrado de la ofrenda y abrirse a la armonía son los mensajes que nos llegan de este corazón del mundo. Al comienzo basta con pocos minutos de cada día para entregar un símbolo a lo sagrado, agradecer, elevar el corazón a lo trascendente y expresar los sentimientos más bellos. Así poco a poco todas las emociones se dirigirán al origen, al misterio de la existencia, hasta hacer que la vida misma se convierta en una ofrenda constante. Es a través de esa comunicación del corazón que el hombre reconoce la armonía: el lazo de amor, deleite y belleza que lo une a él, con sus hermanos, las criaturas y lo divino.

Permanecí al lado de un maestro espiritual durante quince años. Al comienzo de mi camino, me sorprendía que cada mañana él tomaba una flor del jardín, una hoja seca, una piedra o un poema y lo ofrecía en un pequeño altar. Al venir de una cultura extraña a los rituales, un día cuestioné su acción y pregunté por qué lo hacía. Esta fue su respuesta: “Esta pequeña ofrenda es el pacto que hago cada mañana con mi corazón, con la parte más luminosa de mi existencia. Este humilde regalo lleva mi ser a mi consciencia infantil, donde puedo sentir libremente el amor, la imaginación y la bondad. Esta es una cita con lo divino”.

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