Meditación: El alivio de la vida (por Ishwara)

En escuelas de Tumaco (Colombia), Bogotá, Buenos Aires, Madrid o Nueva York el silencio está ocupando los espacios de la algarabía. Una o dos veces por día, estudiantes y profesores cierran sus ojos, respiran, aguzan los sentidos y permiten la lentitud. Más allá de creencias, ellos han descubierto en la milenaria práctica de la meditación un antídoto contra la ansiedad, la deserción y el desinterés. Y al mismo tiempo han encontrado una puerta hacia el manejo pacífico de conflictos, la tolerancia a la frustración y el sentido de vida.   

En Colombia, Paula Ramírez y su compañero suizo Matthias Rüst, formados en Educación para la Paz, lideran Respira, un proyecto de meditación en colegios que ha llegado a más de 3.000 niños en cinco escuelas de Chocó y Bogotá. En Argentina, el doctor Daniel López Rosetti, especialista en Medicina del Estrés, ha liderado un programa de meditación en seis colegios de la Provincia de Buenos Aires y lo ha definido como un “entrenamiento físico para la paz”. En España, más de doscientos colegios públicos han incorporado mindfulness (atención plena) a sus jornadas. Y en EE.UU., la fundación liderada por el cineasta y meditador David Lynch ha patrocinado el Quiet Time (Tiempo de Silencio) en dieciocho escuelas. Esta iniciativa ha logrado en cuatro años un 98% de asistencia del alumnado y un incremento en las calificaciones en la institución con mayores problemáticas de San Francisco.

La prácticas meditativas que están revolucionando la experiencia escolar se pueden rastrear en la historia con antelación al 1.200 a.C., en ese maravilloso legado oral de la India agrupado bajo el nombre de los Vedas (el saber). El origen de estos textos se atribuye a los rishis (sabios), quienes mediante la meditación “escucharon” en una resonancia interior esas verdades eternas (Lavapeur, O. 2004: 198). Sistematizaciones posteriores especificaron técnicas de respiración, métodos para la concentración de la mente y movimientos físicos para entrar en estados profundos de consciencia. Pero fue con la aparición de Buda (en el 400 a.C aproximadamente) y la posterior difusión de sus enseñanzas, que las meditación se extendió a Tíbet, China y Japón.

No obstante, estas técnicas no fueron exclusivas de los caminos espirituales de Oriente, pues los pueblos originarios de América, el sufismo o los padres del desierto cristianos tenían métodos para retraer la consciencia y estar. Así, por ejemplo, Evagrius Ponticus, uno de los más reconocidos padres del desierto, hace 1.600 años afirmaba: “En la hora de la tentación, no deberías buscar pretextos más o menos creíbles para abandonar tu celda, sino quedarte allí con decisión y ser paciente”, y analizando este fragmento el monje Anselm Grün complementa: “mediante la inmovilidad exterior, llegará a nosotros un poco de tranquilidad” (Grün, A. 2008: 174).

A pesar de su existencia milenaria, la meditación cobra hoy una especial vigencia por los signos de nuestro tiempo. En el plano educativo, se otorga un excesivo valor a la competencia y el rendimiento. La infancia, con su naturalidad y libertad, se ha visto relegada por la estimulación y la ansiedad por los resultados. Sobre las consecuencias de este desplazamiento, el filósofo Byung Chul-Han afirma: “las enfermedades neuronales como la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, el trastorno límite de la personalidad o el síndrome de desgaste ocupacional definen el panorama patológico de comienzos de este siglo” (Han, B.-C. 2012: 10).

Investigadores como el psiquiatra Norman Rosenthal, de la Universidad de Georgetown, han encontrado una alta presencia de estrés en las escuelas y afirman que el 70% de los jóvenes no reciben acompañamiento psicológico (Laborde, A. 2015). Los síndromes mencionados, la drogadicción temprana, la violencia escolar, el denominado “matoneo” y el abandono de la escuela, sin contar los desafíos para los docentes, son fenómenos que responden a una realidad más amplia, donde estamos ejerciendo una violencia con nosotros mismo, al aceptar un péndulo de hiperactividad y cansancio.

Por ello, en una sociedad de aceleración, multitarea, rendimiento y acción exterior, la meditación ofrece calma, lentitud, focalización, libertad de propósito y encuentro con una naturaleza profunda del ser. Las virtudes de la práctica se han demostrado científicamente en los ámbitos físico, emocional, laboral, educativo y psicológico, sin contar la posibilidad de una reconexión con lo espiritual.

En el ámbito médico, John Kabat-Zinn, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Massachussets y practicante de meditación por cincuenta años, ha estudiado la relación entre estrés, envejecimiento y enfermedades crónicas. Frente a esta triada, descubrió cómo la práctica de la meditación regula el envejecimiento biológico y previene la relación entre estrés y desarrollo de enfermedades crónicas. Incluso en pacientes con estas enfermedades evidenció que la práctica de cortos periodos de meditación diariamente mejoran la calidad de vida. En sus palabras: “El paciente participa en su enfermedad y los síntomas cambian: disminuyen la presión arterial, dolores de cabeza, problemas gastrointestinales, etc. La medicina tradicional está en muy mal estado, porque ha perdido contacto con su juramento de no hacer daño. Hace falta que la meditación forme parte de la medicina” (Quijada, P. 2016).

En la misma dirección, recientemente la reconocida Universidad Jhon Hopkins realizó un metaanálisis de cuarenta y siete estudios sobre meditación, que incluían más de 3.500 pacientes, con patologías como estrés, adicciones, diabetes, depresión y dolor crónico. Se evidenció, entre otros, una reducción de la presión arterial, una mejoría en el sistema inmunológico, mayor tolerancia al dolor y una capacidad para manejar la depresión y la ansiedad con iguales resultados que los antidepresivos, pero sin los efectos secundarios de estos últimos (Nicholson, C. 2014).

En las esferas educativa y laboral, la meditación ha demostrado un mejoramiento en la capacidad de atención, concentración, toma de decisiones y memorización. Además se han establecido relaciones entre creatividad y estado meditativo, pues la práctica estimula el pensamiento lateral, la interrelación de ideas habitualmente desconectadas y el favorecimiento de la capacidad de síntesis.

Por otra parte, en el ámbito de las emociones y las relaciones, estudios como los de la doctora Sara Lazar, del Hospital General de Massachusetts, han concluido que los meditadores aumentan la densidad de materia gris, en aquellas estructuras cerebrales relacionadas con la regulación emocional y la empatía (Jar, N. 2015). En las escuelas esto se ha reflejado en notables disminuciones de la violencia escolar, que en el caso norteamericano ha llegado al 65% de disminución de los conflictos violentos (Laborde, A. 2015). La meditación entonces sería un cimiento de una cultura de paz, puesto que más allá de “deberes ser” permitiría la experimentación del sosiego y la calma en la vida, y entrenaría a los practicantes en el manejo de la reactividad emocional.

La sencilla y a la vez compleja práctica de sentarnos para observar la respiración, cultivar la atención plena o quizá para focalizarnos en una palabra o pensamiento hace posible también la revitavilización de la vida contemplativa. La meditación nos invita a “aliviar la vida” (en términos de Nietzsche), “idealizar los sucesos; para […] que la mirada del que contempla no sea ni muy exacta ni muy aguda, y le obliga a colocarse a cierta distancia” (Nietzsche, N. 1982: 190). Este distanciamiento nos permite movernos de la perspectiva de los pensamientos, expectativas, deseos o presiones, hacia una atalaya de calma esencial y claridad. Por lo anterior, la meditación es una puerta al sentido, a la experiencia de Estar en el mundo y a la consciencia de que estamos en la existencia con Otros. En las bellas palabras del monje budista Matthieu Ricard: “Si profundizamos más en nosotros mismos, ¿no acabamos por constatar que la aspiración primera, la que subyace a todas las demás, es el deseo de una satisfacción lo bastante poderosa para alimentar nuestro gusto por vivir? Es este deseo: ‘¡Ojalá cada instante de mi vida y de la de los demás pueda ser un instante de alegría y de paz interior!’” (2005: 30).

Esa consciencia más amplia de empatía, amor y unidad por el mundo y sus criaturas es una experiencia que nos reconecta con la naturaleza como entidad, con la humanidad como hermandad y con lo sagrado como sustento. Así lo describe el sacerdote católico y escritor Pablo d’Ors en su libro Biografía del silencio: “Gracias a la meditación he ido descubriendo que no hay yo y mundo, sino que mundo y yo son una misma cosa y única cosa. La consecuencia natural de semejante hallazgo […] es la compasión hacia todo ser viviente: no quieres hacer daño a nada ni a nadie porque te das cuenta de que en primera instancia te dañarías a ti mismo si lo hicieras” (2014: 32). 

En medio de la aparente inacción de la meditación acontece una revolución física, emocional, mental y existencial. Las transformaciones son extraordinarias en meditadores expertos, pero se evidencian también a las pocas semanas de iniciar una práctica diaria de veinte minutos. La constancia y la paciencia van guiando a los practicantes hacia estados de consciencia y bienestar más profundos, y en la vida cotidiana crece el asombro, el aprecio por la belleza, la fortaleza frente a los desafíos y el entusiasmo. Pero a medida que el Silencio ocupa los espacios de la calma, la intuición de una realidad más vasta se hace más presente (un vacío, en el budismo; un ananda o Deleite supremo, en el hinduismo, o una Bienaventuranza). Esta es la experiencia que lleva a Karl Jaspers a afirmar “Lo que hay de más mío en mí mismo, y mi libertad misma, me viene de otra parte”.

Hoy, la meditación constituye una alternativa sencilla para reducir la deserción, la violencia y las dificultades de aprendizaje en la escuela. Sin embargo, su valor se extiende hasta convertirse en una respuesta creativa contra la velocidad, la ansiedad y la tristeza de nuestras sociedades de rendimiento, al rescatar la contemplación, la pausa y el cuidado de sí. El estado meditativo también conduce a vivenciar la cultura de la paz y la empatía, pero más importante, es la entrada a la experiencia del sentido último de la existencia y de aquello que el filósofo Sri Aurobindo llamó la “verdadera consciencia y experiencia verdadera”.

 

Una versión de este artículo fue publicada en la edición de junio de 2016 en la Revista Javeriana de Colombia. www.revistajaveriana.org.co

 

Bibliografía

Aurobindo, S. 1998. Guía del yoga integral. Barcelona. Fundación Centro Sri Aurobindo.

Dillon, A. 2015. “Usan la meditación en el aula como antídoto contra la violencia”. Diario Clarín. Argentina. 15 de octubre. www.clarin.com

D’Ors, P. 2014. Biografía del silencio. España: Ediciones Siruela.

Girabsas. 2016. “San Isidro: la meditación disminuyó la violencia en las escuelas”. Multiplataforma de Comunicación Girabsas. Buenos Aires. 8 de enero. www.girabsas.com.

Grün, A. 2008. Caminos a través de la depresión: Impulsos espirituales. México: Editorial Herder.

Han, B.-C. 2012. La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder Editorial.

Han, B.-C. 2015. El aroma del tiempo: Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse. Barcelona: Herder Editorial.

Jabr, F. 2013. “How Does Meditation Change the Brain?”. Scientific American. Octubre 30. www.scientificamerican.com

Jar, N. 2015. “La práctica budista milenaria aumenta la capacidad de atención, concentración y aprendizaje”. Scientific American (versión en español). 15 de enero. www.scientificamerican.com.

Laborde, A. 2015. “Meditación en la sala de clases: Así se combate el estrés escolar en EE.UU.”. Eldefinido. Portal de noticias de Chile. 16 de junio. www.eldefinido.cl

Lavapeur, O. 2004. Occidente, Oriente y el sentido de vida. Argentina: Editorial Biblos.

Nicholson, C. 2014. “Review Finds Meditation Somewhat Effective against Anxiety and Depression”. Scientific American. Enero 27. www.scientificamerican.com.

Nieto de Samper, L. 2015. “Respira, un programa para humanizar el sistema educativo en Colombia”. El Tiempo. 27 de febrero.

Nietzsche, F. 1982. Humano demasiado humano. Colombia: Editorial Bedout.

Panikkar, R. 2015. Obras completas. T. I. Mística y espiritualidad. Vol. 1. Mística, plenitud de vida. Barcelona: Editorial Herder.

Quijada, P. 2016. “Kabat-Zinn: ‘La meditación permite regular nuestro propio envejecimiento’”. Diario ABC. España. 21 de mayo. www.abc.es.

Ricard, M. 2005. En defensa de la felicidad. Argentina: Ediciones Urano.

Sanmartín, O. 2015. “Meditación en el colegio”. Diario El Mundo. España. 15 de junio. www.elmundo.es

 

 

 

 

 

 

 

0 thoughts on “Meditación: El alivio de la vida (por Ishwara)”

  1. Ishuara y Laksmi, Muchas gracias por todos sus aportes a estas, a veces, atribuladas almas y mentes, reciban mi abrazo fraternal.

    DORA SIERRA

    El 21 de junio de 2016, 19:27, “Leaves of Inspiration-Hojas de Inspiración”

  2. Hola Gracias por esta induccion que motiva fortalece y da mas sentido humano a la practica de la meditacion y los alcances que ha tenido en el tratamiento de comportamientos que tanto nos desgastan en la vida
    Ojala y llegue a muchisima gente que en el apuro y dinamica cotidiana lo desconocen o ignoran

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *