Hojas de Inspiración

Un tiempo fuera de la red (por Ishwara)

Hace unas semanas una mujer me contó sobre su decisión de organizar un desayuno “sin tecnología” con su familia. La planeación había tomado semanas: debió acordar con sus dos hijos adolescentes que la noche anterior durmieran en casa; tuvo que convencer a su esposo de cancelar viajes de negocios, y se empeñó en preparar la comida en una casa donde cada quien resolvía la alimentación a su manera. Al final todos accedieron a la “excentricidad” de la madre, pero la mayor resistencia apareció la mañana del encuentro cuando ella anunció que los celulares deberían estar apagados. Al final la mujer triunfó, aunque los primeros minutos fueron de silencios y rostros de protesta. Ella continuó con su misión e indagó sobre las vidas de esos desconocidos con quienes convivía. Al comienzo sólo hubo monosílabos, pero luego las palabras fluyeron, los cuerpos se relejaron y los cuatro permanecieron horas en esa dinámica de compartir. Conmovida y victoriosa, la mujer narró cómo desde entonces su familia tenía este desayuno una vez al mes.

Esta escena parece un caso extremo de apego a la tecnología y ausencia de vínculos reales. No obstante, podemos reconocer la omnipresencia y dependencia de la tecnología en también nuestras vidas, si por ejemplo observamos nuestra reacción cuando nos ordenan apagar los celulares al inicio de un vuelo; si somos conscientes de las ocasiones al día cuando miramos el teléfono en busca de mensajes, o si pensamos en el tiempo que pasamos saltando entre publicaciones de internet sin poder parar.

Con frecuencia, en los medios de comunicación se muestran las novedades en redes sociales o los avances tecnológicos, pero es poca la información sobre las razones por las cuales deberíamos usar dichas redes o tener la última versión de un dispositivo. Es más, son casi nulas las fuentes que hablan sobre cómo estas herramientas afectan nuestra salud, relaciones y el sentido de nuestra existencia.

En un artículo para la revista del The Sunday Times* de Inglaterra, el autor de blogs Andrew Sullivan, quien contaba con una audiencia diaria en su sitio de cien mil visitantes, afirmó cómo: “cada mañana comenzaba con una inmersión total en la corriente de internet, noticias, saltos de sitio a sitio, de tweet a tweet… Estaba en una multitud cacofónica de palabras e imágenes, sonidos e ideas… Comencé a temer que esta nueva forma de vivir se estuviera convirtiendo realmente en una forma de no-vida”. Este acérrimo defensor de internet comenzó a padecer afecciones de salud, problemas de sueño y rupturas emocionales por su obsesiva relación. La presión fue tan grande que decidió partir hacia un retiro budista de silencio, alejarse de la tecnología por un tiempo y convertirse en una voz crítica del uso inconsciente de internet.

Sullivan vivió en carne propia los perjuicios de la hiperconectividad y la pérdida de la libertad interior. Viviendo en tantas direcciones, en una carrera por comunicar, conocer lo último o aparentar la vida más interesante, él se había olvidado de cómo estar en el mundo. Y fue solo en su retiro y en medio de la naturaleza, que este hombre recuperó la consciencia de sí, la ausencia de necesidad y una verdadera conexión.

La plenitud, serenidad e identidad profunda son experiencias accesibles a todos. Sin embargo, para comenzar a experimentarlas es necesario reconocer que nuestro mundo va en una dirección contraria al silencio y la unidad. No es necesario abandonar la tecnología del todo, pero se ha hecho fundamental tomar distancia, hacer pausas del ruido tecnológico y recordar lo esencial en la vida. Por ejemplo, recobrar la atención a los instantes sutiles y bellos de la cotidianidad; la unión profunda con otros; la escucha pausada sin el impulso de responder, y todas esas experiencias valiosas que se pierden por la urgencia crónica.

La reflexión de fondo detrás del desayuno sin tecnología o del retiro de Andrew Sullivan no se dirige a cuestionar los beneficios de la tecnología, busca marcar una diferencia entre las relaciones de uso y dependencia. Lo anterior, para invitarnos a recuperar los espacios para la quietud, los vínculos reales y la atención fuera de la conexión. Día tras día los medios nos invitarán a estar cada vez más conectados y los vendedores de tecnología clamarán que “necesitamos” la última versión. Pero nuestra responsabilidad estará en marcar los límites y ser conscientes de la superficialidad de este mensaje. La técnica debe ser un medio para facilitar la vida y no un fin en sí mismo. Nuestra lucidez y voluntad serán las aliadas para encontrar nuestro equilibrio y recuperar los tiempos de sosiego fuera de la red.

 

* The Sunday Times. “Why one of the first super-bloggers wants us to switch off”. Londres. November 27, 2016.

Nota del Editor: Una versión de este texto fue publicada en el mes de diciembre de 2016, en el semanario Buenas Nuevas del Diario Uno de Mendoza (Argentina).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Basic HTML is allowed. Your email address will not be published.

Subscribe to this comment feed via RSS

A %d blogueros les gusta esto: