Cinco escalones hacia la comunicación profunda (por Paula Janín)

En realidad resonamos tan profundamente con el otro que comunicar sería sólo transparentar lo que el otro ya sabe.

Luego de cursar mis estudios de Comunicación Social, llegó el momento de hacer una reflexión y escribir mi tesina. Entonces me di cuenta de que haber estudiado el tema, o incluso haber tenido experiencia laboral en medios, no me aseguraba que pudiera establecer realmente una comunicación profunda y efectiva. Por ese tiempo escribí: “¿Cómo jactarnos de ser comunicadores y comunicadoras sociales, si no podemos comunicarnos de verdad con quienes nos rodean?”.

Luego, mientras cursaba la formación para ser Consteladora Organizacional, asistí a talleres donde poco a poco fui comprendiendo en mi ser el fenómeno de la “representación”. Pude percibir cómo al sentarme al lado de alguien podía percibir sus emociones, deseos e impulsos más profundos, los que venían del alma. Entendí con mi cuerpo que la información sobre quiénes somos está allí, a nuestro alrededor.

Entonces me pregunté: ¿Qué tal si comunicarnos desde un lugar profundo con otros o con lo que nos rodea no era solo un desafío para los comunicadores o consteladores, sino para todos los seres humanos?

Seguí indagando, leyendo, escuchando (preparando un “compost”), hasta que comprendí la importancia de la “vivencia”, en el día a día con mi familia, en mi trabajo, mi jardín, entre mis amigas y amigos, hasta en los lugares que visitaba y las relaciones que elegía y las que no también.

Desde este lugar, de preguntas, respuestas y vivencias, quiero compartir estos cinco escalones para alcanzar en cada encuentro una comunicación más profunda con otros y el entorno.

  1. Respirar: Anclarse en el presente. Percibo el contexto, aprovecho el pestañeo para centrarme en los sonidos que me rodean; aspiro aromas; me conecto con mi piel para sentir la temperatura; fricciono mis dedos o recorro cualquier superficie cercana; miro lo que me rodea como si fuera una cámara que todo lo registra. Lleno de consciencia cada espacio del aquí y ahora.
  1. Sentirme: Percibirme a mí misma. Tal vez, con una sola mirada hacia mi interior en respuesta a la pregunta: “¿cómo estoy?”, es suficiente. Sin prejuicios, registro cuáles son mis emociones, cómo está mi energía. Puedo visualizar imágenes o palabras que representen mi estado.
  1. Siento al otro: Utilizo los pasos anteriores como escalones para percibir al otro. Entro en contacto visual y me conecto con las sensaciones que empiezo a recibir. Nuevamente, sin prejuicios, sin pensar si es mi imaginación o qué es, doy rienda suelta a lo que venga. Puedo llegar a experimentar sentimientos, colores, imágenes internas. Todo es válido y todo tiene un sentido.
  1. Escucho bien: Me centro en escuchar lo que el otro me dice, hasta en su silencio. Cada persona tiene su estilo y sus deseos, es por eso que la comprensión queda fuera del juego, como dice Joan Garriga: “No nos comprendemos, pero lo que me parece una solución es que dejemos de intentarlo. Es mejor no tratar de comprender lo incomprensible. También es un logro rendirse al misterio del otro”. Aquí se sube el próximo escalón con la fuerza del respeto y la aceptación de lo que es, de lo que escucho, tal como es y no como me gustaría que sea.
  1. Resueno y trasciendo: Siento que todos los contactos que tenemos son por alguna razón y tienen dentro de sí un tesoro-semilla. Es por eso que los invito aquí a una profunda reflexión, un espacio fuera del tiempo para reencontrarnos, reconectarnos y comunicarnos con nosotros mismos. Una instancia para abrirle la puerta al misterio de la vida.

Tal vez no entenderemos en ese momento el sentido del encuentro que acabamos de vivir, pero sí tenemos en nuestras manos la posibilidad de permitirle a esa semilla caer en la tierra fértil de nuestro ser. Con el tiempo, el sentido se irá tejiendo y podremos entrever el porqué de esa conexión: por qué “vimos” a ese hombre con los ojos llenos de lágrimas sentado en su auto esperando la luz verde; por qué nos llamó esa persona en la que pensábamos para decirnos exactamente lo que necesitábamos escuchar; por qué esa casa abandonada de la “calle San Lorenzo” nos generó tanta nostalgia; por qué tuvimos justo ese instante esa charla con esa persona; por qué ese día nuestro jefe eligió esas palabras, o por qué las palabras de los abuelos todavía resuenan en nosotros.

Cuando la semilla de esa comunicación profunda comience a germinar, posiblemente nos encontremos con la necesidad de sintetizar lo vivido. En mi caso, lo entiendo como un acto esencial para terminar de plasmar eso en mí, para cerrar ese círculo infinito del intercambio. Acudo entonces a mi lapicera, cuaderno y palabras. Cada quien encontrará esta decantación a su manera, a través del arte, de la conversación, de la cocina, del gesto. Así, en eterno espiral, la comunicación se sigue alimentando, creciendo, transformando, profundizando y en-redándonos.

 Paula-Janini

Paula Janín

Nació en Mendoza (Argentina). Licenciada en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Cuyo. Durante más de siete años ha cursado estudios en eneagrama, constelaciones familiares, tarot, bioneuroemoción, entre otros. Desde temprana edad ha tenido inquietud por la escritura y sus textos han sido publicados en medios como el diario Los Andes y la revista Edición U.

Sobre su escritura afirma: “Admiro la naturaleza, la condición humana, el arte, la belleza y el fluir del universo, e intento capturar ese efímero instante en el que al alma se le revela algo gracias a lo que puede expandirse”.

Contacto: https://palabrarse.wordpress.com / paujanin@gmail.com

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